Elisabeth Quin

  • 8 de octubre de 2012
    Par Elisabeth Quin
    COLECCIÓN PRÊT-À-PORTER PRIMAVERA-VERANO 2013 POR ELISABETH QUIN

    COLECCIÓN PRÊT-À-PORTER PRIMAVERA-VERANO 2013 POR ELISABETH QUIN

    Chanel presentó al mundo mucho más que su "savoir faire”en moda: La Colección Primavera-Verano 2012, que se presentó en el Grand Palais el martes por la mañana, tuvo lugar entre un campo de molinos de energía eólica, que bien podría haber sido un manifiesto a favor de la ecología.

    El desfile, con looks naturales, juventud desenfrenada, movilidad, lujo subestimado, empatía hacia los demás y creatividad, fue una enigmática forma de comunicar el mensaje para el otoño de 2012: soplan aires de cambio llenos de energías alternativas y moda recién llegada.

    ¿Está Chanel pensando en unirse al ensayista de la tercera revolución industrial, el americano Jeremy Rifkin que defendía la economía basada en bajo consumo de carbón?

    Los modelos avanzan en la pasarela con looks inundados de colores frescos: un traje pantalón púrpura con una chaqueta de mangas tres cuartos ribeteada en verde esmeralda, un traje azúl añil con un vestido saco; un conjunto de vestido y pantalón de satén rosa y malva, una chaqueta a media altura, rojo carmesí de piel suave y forma holgada; un micro vestido sin tirantes en piel de cordero lavada color arena; una maravillosa serie de vestidos de noche en marrón satinado con efecto “matelassé” que resaltan la transparencia y la fluidez.

    Las versiones multicolor del tweed, firma de la casa, (un “tour de force” textile) fueron una apoteosis de color y resultaron espléndidas sobre un top con mangas leg-o-mutton y un conjunto de chaqueta y vestido ribeteado en fucsia. La combinación fue simplemente explosiva  con una versión ultra colorida utilizada para un lujoso y llamativo conjunto de pantalones cortos y chaqueta con mangas globo y para un vestido corto amplio con mangas tres cuartos bordadas con sequíes color bronce (“un extraño color bronce dorado como Homero describe la isla de Stromboli, Reino de Aeolus, en la Odisea). Presentados en una paleta sinfín de colores de verano, el tweed muestra toda la fuerza de su impacto visual.

    Para finalizar, aparece en la pasarela un toque de blanco con los collares Peter Pan (los favoritos de Gabrielle Chanel), collares Pierrot, un lazo desecho delante de un vestido con cuello marinero o un vestido de polo con popelín blanco para una versión renovada del look de Suzanne Lenglen en Eden Roc. También estuvo presente el color blanco en la serie de noche, con los increíblemente frescos y refinados looks de verano: vestidos blancos sin tirantes (dos cortos y tres largos) en malla o en piqué, adornados con flores de plástico de Rhodoid o perlas.

    La silueta para el verano de 2013 es larga y delgada (comprobado en el increíble uso que Chanel hace de la malla negra para un conjunto de pantalones que es elegante a la par que gráfico y sensual) y roza lo andrógino, un tributo clásico a la mujer Chanel. Las cinturas son ajustadas, perfectas para vestidos sin tirantes (lo más importante de esta colección), mini boleros y micro chaquetas. Piernas kilométricas que crean simetría y se realzan con micro shorts y mini faldas mientras que los vestidos globo dejan ver los tobillos.


    La colección de accesorios es una fusión perfecta entre la intemporalidad del estilo de Chanel y la modernidad: pulseras y collares gruesos agrupados formando “un efecto caviar” junto con enormes sombreros de sol con alas transparentes de plástico de colores.

    Karl Lagerfeld ha creado y diseñado claramente una silueta para una mujer juvenil muy impetuosa y sensual, impecablemente transportada por un “vendaval favorable, un viento fresco del oeste” (Homero) hasta el verano.

  • 6 de julio de 2012
    Par Elisabeth Quin
    ALTA COSTURA OTOÑO-INVIERNO 2012/13 
POR ELISABETH QUIN

    ALTA COSTURA OTOÑO-INVIERNO 2012/13 POR ELISABETH QUIN

    ¡Revolución en Palacio!

    Con su impresionante vidriera de 1.200 metros cuadrados, inaugurada durante la Exposición Universal de 1900 —en esa fecha, Coco Chanel tenía 17 años, aún estaba interna en la Abadía Cisterciense de Aubazine (Corrèze) y ya manejaba la aguja con pericia— el Salón de Honor del Grand Palais llevaba un siglo sin utilizarse y Karl Lagerfeld estaba entusiasmado con la idea de descubrir el martes, 3 de julio, este tesoro oculto y transformado para la ocasión en el fantasmagórico jardín de una ciudad de agua. Sillones de mimbre blanco, paredes gris perla, pavimento color antracita, limonada y pastas, cielo falsamente emborregado en el techo... el ambiente tenía un aire tremendamente romántico, vintage y maravillosamente civilizado. Resurgimos de un mundo típico de Proust o Thomas Mann; un mundo onírico.

    Para añadir un toque más de elegancia, la colección recurre a la paleta de colores de Marie Laurencin: rosas y grises. Imposible no rememorar a la Muchacha con bufanda, la Mujer con fular, Domenica o incluso Las Ciervas —estas dos últimas obras se conservan en el Museo de la Orangerie— ante esas siluetas fluidas, alargadas, esas muselinas ondeantes, esa feminidad vaporosa y delicada con cierto aire de androginia tan apreciado por Coco Chanel, que evita cualquier afectación y confirma una insolente modernidad.

    ¿En qué consiste ese New Vintage, el oxímoron que tanto divierte a Karl Lagerfeld?

    Es un modo de expresar la historia de la Maison y de la colección, que evoca con maestría la primera década del siglo XX con cuellos Peter Pan en organza blanca y vestidos evasé de terciopelo negro en homenaje a Colette; los años 20 con el talle bajo, las caderas ceñidas, las líneas rigurosas, el gusto por el lamé; los años 60 con los atrevimientos cromáticos decididamente pop, como ese rosa chicle en un contundente sastre, ese amarillo chillón; los años 70 con pantalones amplios y blusas ahuecadas con chalinas, cinturones con cabujón, caftanes étnicos tremendamente chic con marcados escotes en V, espaldas desnudas hasta los riñones, algo poco habitual en Chanel; el inicio de los años 80 con la era glitter y sus mallas irisadas.

    Los guiños continúan en una colección magnífica y tremendamente coherente, que bien merece la creación de un oxímoron propio de tiempos de crisis: una colección lujosamente sencilla. Porque, aunque la silueta se nos revela sencilla, sin ostentaciones ni extravagancias, sin joyas ni accesorios, a excepción de las grandes pulseras de cuero ultrafino (un precioso toque gótico), las materias y detalles desprenden opulencia y lujo.

    Bordados, con sus sofisticados motivos en lana de angora, microtubos en rosa nacarado, espirales de strass, miniflores con forma de trébol en tul. Composiciones arácnidas elaboradas por el plumajero Lemarié, desde el casi invisible abrigo largo en tul blanco bordado con finas plumas que dibujan corazones hasta el milagroso vestido de novia, ¡con su falda y su cuello también de plumas! Vestidos de noche bordados con lazos de muselina virgen y salpicados por camelias en tono rosa palo. Verdaderos y falsos tweeds bordados, con una suavidad increíble, que dan forma a suntuosos abrigos de noche con mangas 3/4 de lo más apetecibles y que se declinan también en vestidos-abrigo en un azabache mate y brillante al mismo tiempo. Y, para finalizar, lamés en rosas azulados y grises rosáceos con delicados degradés de azul que terminan en atardeceres rojizos, de gris hacia un alba gloriosamente rosada, como recién salidos de la paleta de... Marie Laurencin.

    En 1922, dos años antes de que Laurencin pintara sus Ciervas, moría Marcel Proust. "Las modas cambian, cosa muy lógica, ya que ellas nacieron de la necesidad de cambiar" podemos leer en A la sombra de las muchachas en flor.
    Chanel y el New Vintage o ¡El tiempo recuperado!

    Fotografía: Olivier Saillant

  • 23 de mayo de 2012
    Par Elisabeth Quin
    CRUCERO 2012/13 
POR ELISABETH QUIN

    CRUCERO 2012/13 POR ELISABETH QUIN

    Las fuentes de la juventud para Chanel en Versalles

    Al escoger como marco para el desfile el Bosquete de las Tres Fuentes, un conjunto de piedras, conchas y fuentes diseñado por el propio Rey Sol en 1677 (un monarca cautivador, enamorado de Versalles, amigo de las artes, dotado de todo tipo de talentos, casi como una especie de Karl Lagerferld...), y acondicionado por el jardinero André Le Nôtre, la maison Chanel ha marcado las pautas para la colección Crucero 2012/2013: joven, divertida, elegante y caprichosa, moderna y barroca al mismo tiempo. Un soplo de fantasía trash recorría los jardines el lunes por la noche, al son de un clavicordio y de remixes electrónicos de temas de Michael Jackson.

    ¿El toque de atrevimiento? Las pelucas en tonos caramelo o negro azabache, pequeños flequillos asalvajados, cortes a la altura de la nuca como obra de una traviesa guillotina, sobre cabellos largos adornados con cintas. Y la audacia continúa con esos lunares postizos en forma de doble C entrelazadas en el ángulo del ojo y los tonos pálidos, muy del estilo Crepúsculo, de esas jóvenes marquesas que vuelven de after por los laberintos de boj y los anhelantes jardines del castillo.

    No obstante, la revolución propuesta por esta silueta Crucero se hace patente desde los primeros pases: insolencia streetwear de luxe, zapatillas deportivas con elevadas cuñas y clasicismo salpicado con faldas pantalón de miriñaque y volantes de encaje. Rozando la exaltación del movimiento, de la juventud y de la ligereza, con pantaloncitos cerrados por un botón bajo la rodilla, una de las prendas fetiche de Karl Lagerfeld, confeccionados en suave denim e iluminados también por las deportivas doradas. Mucho denim, con bordados dorados en chaquetas sin mangas, fantasías militares, preciosos degradados. Las chaquetas de tweed blanco se adornan con cordoncillos en los tonos de la escarapela, carmesí, azul y blanco; un guiño revolucionario que hace diana.

    Nos han conquistado los pantalones anchos combinados con chaquetas de manga 3/4 adornadas con encaje, las mangas farol de una camisa blanca que superan en largo a la chaqueta ajustada, las minifaldas que marcan el paso, la graciosa autoridad de las chaquetas entalladas, la irrupción tremendamente rock de una chaqueta negra bordada con encaje y cierre de cremallera sobre una falda corta de marquesita. El conjunto perfecto: una falda con plisado superior en tonos dorados combinada con un suéter blanco ceñido a la cintura. Las incrustaciones y aplicaciones de acetato coloreado sobre vestidos níveos condensan el gusto de la maison Chanel por combinar eficazmente el estilo del siglo XVIII con los materiales del siglo XX.

    Al salir del Bosquete de las Tres Fuentes tras este baile aristorock al atardecer, e imbuidos por una colección que reivindica la juventud, la ternura y la frivolidad —los ingredientes de las nostalgias duraderas— nos vienen a la cabeza las palabras de La Bruyère: "El placer más delicado consiste en procurar placer a los demás". La maison Chanel posee este talento.

  • 9 de marzo de 2012
    Par Elisabeth Quin

    PRÊT-À-PORTER OTOÑO-INVIERNO 2012/13
    POR ELISABETH QUIN

    Las gemas, una pasión. Fácil aunque irresistible, en vista del grandioso decorado en el que se ha presentado la colección en el Grand Palais. Un suelo inmaculado, centelleante, como el azúcar o la nieve, del que surge un bosque de cristales gigantes en tonos violines, blancos, traslúcidos o ligeramente grises. Un mundo de silencio que recuerda a la tradición joyera de la maison, una magia mineral de dimensiones imponentes que encanta... nos fascina el gusto por los detalles y esa intención lúdica de la casa. Porque hay malla en los cristales.

    El cristal, emblema de la colección, adorna con magnificencia los collares rígidos, las solapas de los abrigos, los vestidos de tweed seco, los maravillosos maquillajes de Peter Philips —con cejas bordadas por Lesage—. El cristal se torna por tanto un sólido misterioso y casi mágico a fuerza de luminosidad, compuesto por un apilamiento ordenado de átomos. El patrón de los átomos se repite siguiendo una serie regular y la parte más pequeña que permite recomponer el apilamiento de átomos recibe el nombre de... malla.

    En cuanto a la silueta otoñal de Chanel, rebosa estilo, ritmo y elegancia. Cabezas pequeñas, cabellos lisos, sandalias de cuero en degradé con corte asimétrico, tacones altísimos de plexiglás adornados con cristales, pantalones ceñidos o leggings preciosos que simulan una segunda piel: el encanto lo inunda todo.

    Un encanto con múltiples facetas, todas ellas tremendamente seductoras: street-wear transformado por los bordados y el admirable corte de los parkas en tweed. Feminidad que conquista con un toque fundamental de la colección: las superposiciones. Faldas acampanadas sobre pantaloncitos muy elegantes, cerrados con un botón y chaquetas de tweed. Este trío se metamorfosea gracias a los suntuosos abrigos cortos sobre vestidos de líneas puras en tweed seco, unos atrevidos leggings en verde liquen, su chaqueta amatista y su falda abotonada al bies o un conjunto de encaje en color topo plastificado: pantalón, vestido y minichaqueta; increíblemente ligero.

    La capucha, objeto de deseo: omnipresente a la par que juguetona, lujosa, ya sea enorme o tenga incrustaciones de minicristales. Viene a confirmar una feminidad absolutamente actual, inspirada en la calle, en la vida que fluye, por una chica Chanel que nunca se desconecta de su época, tan trepidante y compleja.

    Capucha de niño, de monje, de rapero... una capucha que disimula el rostro tanto como realza sus rasgos y lo protege...

    Algunas aplicaciones de plumas en los sutiles tonos del bosque en otoño sobre los pequeños cuellos, los hombros de un abrigo o una chaqueta completamente bordada con este natural elemento.

    Maravillosos abrigos largos en tweed atados en la espalda, lucidos con esa desenvoltura tan típica de Chanel, con las manos en los bolsillos, ¿por qué no?

    Jeans en color amatista o esmeralda, salpicados de costuras luminosas, enérgicas, un mix & match irresistible: pantalón en tweed deshilachado gris y blanco, jersey de punto grueso, turbantes con exuberantes estampados de mosaico. Y, de repente, una poesía etérea, con un sencillísimo vestido de tul negro y un turbante antracita alrededor del cuello... Una vestal invernal.

    Y siempre esas majestuosas joyas, que reafirman la potencia del mineral, su osmosis con la feminidad: superposiciones de pulseras de metal adornadas con cristales, pecheras ornamentadas con turquesas y gemas de color naranja, cuellos geométricos tipo años 70 salpicados de cristales...

    Fotografía del Backstage: Benoît Peverelli

     

  • 3 de febrero de 2012
    Par Elisabeth Quin
    ALTA COSTURA PRIMAVERA-VERANO 2012
POR ELISABETH QUIN

    ALTA COSTURA PRIMAVERA-VERANO 2012 POR ELISABETH QUIN

    "Evasión espiritual. Enamoramiento inmóvil!
    El amor está presente en esta colección de Alta Costura Primavera-Verano 2012, el amor de la excelencia, de las materias, del espectaculo, del saber hacer tan preciado de los comprometidos artesanos de la casa Chanel. El sentido del humor también... En el desfile ""Catch me if you can"" el 24 de enero en el Grand Palais, en esa recreación minuciosa de un interior de avión había un no se que de despreocupación de los años 60, con su mitología aérea de la época Pan Am, azafatas con aire travieso, el frescor de la línea clara, una elegancia sonriente, tan aclamada en 2012. Nada de Business class, todo el mundo se sienta en Primera, es la democracia según Chanel!"

    Bajo el desfile lento de maravillosas nubes por encima de la cabeza, clara excepción de las normas de la construcción aeronaútica, la colección comienza con una serie de vestidos cortos para el día, de pureza impactante, cuellos flojos, cintura baja, bolsillos en la cadera que favorecen el gesto emblemático del espíritu de la colección: manos en los bolsillos. Esas manos libres de todo accesorio, la mente liberada de los prejuicios burgueses, una desenvoltura muy Coco Chanel, elegance con un ápice de insolencia. Como sucede entre cielo y tierra, la Alta Costura declina todos loss tonos de azul, color que simboliza el infinito pero también la opulencia y la realeza. Azul añil, zafiro, lavanda, turquesa, cobalto, lapislázuli, azul de medianoche y marino, sin olvidar el tan querido negro de Chanel

    Los tonos se ven sublimados por el juego de la luz en las lentejuelas y bordados de cristales, cabujones, plumas y strass. Del mate al brillante, dan ganas de tocar ese vestido de lentejuelas azul pálido, con mangas anchas, bordados con motivos que evocan el arco iris o el plumaje de un pavo real. Soñamos con acariciar delicadamente una falda larga de tweed azul grisaceo bordada con filamentos irisados, tweed que se transforma en encaje por arte de magia. Largos vestidos abrigos negros, audacia de un vestido negro corto con tirantes cerca del cuello, que dibujan un cuello de gimnasta, contrastada con una gracia exquisita por dos mangas plisadas esculpidas con flores del paraiso.

  • 14 de diciembre de 2011
    Par Elisabeth Quin
    PARIS-BOMBAY MÉTIERS D'ART <BR />BY ELISABETH QUIN

    PARIS-BOMBAY MÉTIERS D'ART
    BY ELISABETH QUIN

    The scent of jasmine escapes from the Galerie Courbe of the Grand Palais; unusual for Paris in the month of December. Industrial metal rafters heave under the strain of immense crystal chandeliers. Aging brick walls are covered in pale grey marble fashioned into the façade of a Mughal palace. A dream-like fantasy. Baskets laden with mangoes, roses and pistachio nuts bask in the golden glow of candlelight. A silver toy train chugs steadily along yard after yard of electric track mounted on a princely banquet table of such lavish proportions never seen west of Jaisalmer.

    Smoke billows out of a Chanel-double-C-branded chimney. This charming Dar(jee)ling Express is an allegory of the presentation: traveling without moving, beyond the constraints of time, to an imaginary India recreated in the Maharajas’ palace of the Grand Palais by Karl Lagerfeld and Chanel to honor the Métiers d’Art so prized by the House. It is a perfectly obvious match: India is made for Chanel. Coco Chanel herself designed a number of pieces inspired by Indian dress in the late 1950s and early 1960s.

    Materials drip with opulence: silk brocade, gold and silver lamé, crepe, duchess satin, pearls, embroidery, hand-painted Mughal floral motifs, and cascading pearls.
    Androgynous traditional dress takes a lighthearted, eminently graceful leap: fitted white jodhpurs under a white tweed jacket; sinuous “salwar” pajama pants worn beneath flowing “kameez” tunics studded with rhinestones or emblazoned with golden sheaves of wheat against a black background; saris and harem pants paired with exquisite salwars or soft white zipped leather thigh boots stamped with motifs, in rhinestone-studded pomegranate velvet. Typically sensuous draping flows freely in a rustle of harem skirts, the signature piece of this collection. We love the rhinestone-sprinkled military frock coat, the various interpretations of the “achkan”, and the brocade coat with classic Nehru collar, glinting with mirror-embroidered pockets or studded with baroque pearls.

    We are yearning after the biker-inspired military jacket embroidered with a dazzle of gold glitter and worn over a white paneled flared skirt embroidered with gold braiding, fit for a whirling dervish. We swoon at the sight of the diamante-shouldered jacket crackling with the deafeningly Indian heat of “rani” pink, sumptuously tamed by a tailored tweed jacket worn over gold lamé harem pants and a perfectly-proportioned black-and-pink tailored suit. And we are swept away in the fantasy of a white evening dress and its endlessly expressive “dupatta” scarf. The Fugitive, as the poet Rabindranath Tagore would describe it.

    An array of virginal flat sandals makes for a free-flowing, youthful look, set off by neo-rock mojari-inspired pumps and gold-sequined flat ankle boots that hark back to the days of Swinging London. Jeweled leather and silver-chained fingerless gloves and disheveled rasta dreadlocks give a luxuriant hippie twist to the 1970s Goa vibe of Michel Gaubert’s psychedelic soundtrack.

    This enchanting Métiers d’Art collection, a salute to master craftsmanship, ultimately glorifies an imaginary India. Yet its heroine’s ultra-modern look, both androgynous and feminine, is distilled from Indian spiritual heritage: Shiva and Shakti, male and female forces united and reconciled. The Chanel woman has found her dharma.

    Photo © Olivier Saillant

  • 13 de octubre de 2011
    Par Elisabeth Quin
    CHANEL MI VIDA ACUÁTICA <BR/>
POR ELISABETH QUIN

    CHANEL MI VIDA ACUÁTICA
    POR ELISABETH QUIN

    ¿Julio Verne? ¿Wes Anderson? ¿Georges Méliès? ¿Veinte mil leguas de viaje submarino? Esta sobrecogedora recreación del fondo submarino, este paisaje blanco inmaculado repleto de algas, mantarrayas, tiburones y conchas recreaba la ensoñación y el candor, mostrando una visión concreta de la moda, optimista en lugar de desoladora.

    De este modo, cautivos de un sueño extravagante, maravillados y viajando incluso antes de que comenzara, los espectadores esperaban el despliegue de la temática submarina en toda la colección.

    Fue una obra maestra: engañosamente sencilla y nunca pleonástica. Nada de sirenas enfundadas en trajes tubo ajustados. Todo lo contrario, las siluetas eran más jóvenes y ligeras que nunca. Piernas infinitas, vestidos y faldas que dejaban la rodilla al descubierto, punto suave y lujoso, maravillosos jerseys blancos sobre faldas amplias, la viva imagen de la elegancia sin ostentación. Encantaron los mini-mini shorts vaqueros plastificados bajo chaquetas desestructuradas, los pequeños tops bordados como parterres de anémonas marinas, las chaquetas recortadas sensualmente por encima de los riñones y los vestidos bordados con escamas de color cobrizo. La colección parecía haber capturado los juegos iridiscentes de la luz del sol sobre las olas, todo era luz.

    El tweed resplandecía gracias al lúrex y el nácar se colaba en aplicaciones talladas sobre los trajes sastre. El minucioso trabajo sobre los materiales reforzaba la modernidad y el dinamismo de las siluetas. Una chaqueta perfecto con encaje de silicona concebida por Sophie Halette y perfilada con un ribete de nervio de plástico negro era la viva imagen del refinamiento.

    Un humor sutil impregnaba la colección. Al igual que un vestido bordado en los hombros y bajo el talle con un revestimiento de encaje de algas. Karl Lagerfeld se ha divertido como nunca.

    Los tacones con forma de ramas de coral o conchas perladas, los pendientes y anillos con forma de erizo de mar, los clutches con forma de concha y los bolsos metalizados rectangulares con cadenas que parecían paquetes recuperados de las aduanas de los distintos mares... El público estaba fascinado. Obsesivos, los botines negros y blancos o plateados dotaban a las siluetas de movimiento y de un ligero perfume londinense a los Swinging Sixties.

    La perla, icono de Chanel, ¡se encontraba en su entorno natural! Ensambladas en delicados cinturones sobre algunos vestidos cortos, se transformaron en una especie de bordados sobre la piel, creando alineaciones casi surrealistas sobre la columna vertebral.

    Ligereza, imaginación y refinamiento para una colección alocadamente oxigenante, que concluyó con la aparición botticeliana de la cantante Florence Welch, surgida de una concha gigante para cantar, acompañada de un arpista.

    Mientras su potente voz inundaba el Grand Palais, rememorábamos las palabras de Paul Valéry en El cementerio marino:
    “El viento por las olas exhalado,
    me devuelve mi alma... iOh dios salado!
    ¡Corro a la ola a resurgir viviente!”
    y podemos decir que esta colección es precisamente eso, ¡viviente!


    Fotografía © Olivier Saillant

  • 19 de mayo de 2011
    Par Elisabeth Quin
    EDEN-ROC, COLECCIÓN CRUCERO <BR/>
POR ELISABETH QUIN

    EDEN-ROC, COLECCIÓN CRUCERO
    POR ELISABETH QUIN

    “Un milagro de luz espumosa suspendida en las estrellas”: es así como el novelista Scott Fitzgerald evocaba en los años 20 la magia de la Costa Azul, y es este mismo milagro el que ha rodeado la velada Crucero en el Eden-Roc del lunes 9 de mayo.
    Habiendo atravesado lentamente el pinar encantado del Hotel du Cap, Vanessa Paradis, Carolina de Mónaco, Anna Mouglalis, Blake Lively y unos pocos afortunados cogieron sitio en las pequeñas mesas instaladas a un lado y otro de la avenida principal que conducía al mar. La tierra parecía inclinarse ante la suave pendiente de la primavera. Los primeros pases definieron magistralmente la colección: menos “juveniles sixties” que en la Crucero de Saint-Tropez 2010/11, Karl Lagerfeld ha concebido esta colección Crucero muy femenina, muy sexy y muy glamurosa, llena de guiños a la mitología de la Costa Azul de los años 20, 30 y 40, pero carente de nostalgia. La nostalgia es el enemigo del movimiento. La atención se centró en los trajes sastre amarillo intenso y malva muy ceñidos al cuerpo, como si de una segunda piel se tratara, acentuados con geniales botas futuristas neojaponesas con los dedos de los pies al aire: siluetas largas y de estilo contemporáneo.
    El blanco y negro geométrico de un chaleco o de una capa fluida recuerdan una composición pictórica de Fernand Léger de los años 20. Una serie de trajes de baño cubiertos de strass y con pernera baja recuerdan a los alocados Marie-Laure y Charles de Noailles y a su película de arte gimnástica y avant-garde, “Bíceps y Joyas”. Justamente, joyas y piedras sublimes. La joyería es la reina de la colección, une petite robe noire quinta esencia de Chanel está magnificada por un collar Comète de diamantes sobre los hombros de Karolina Kurkova. En este mundo a caballo entre el sueño y la realidad, en esta Riviera legendaria, las joyas, al igual que las marquesas, reaparecen a las 5 de la tarde para darse un baño. “La sal marina corroe la bisutería, pero los diamantes adoran el agua del mar. Se acabaron las viejas imposiciones acerca de reservar las joyas para la noche”, dice Karl Lagerfeld.
    Momento casi cinematográfico, el pase de Kirsten Mc Menamy rodeada de hombres jóvenes bellos como astros: de repente, un perfume hollywoodiense inunda el ambiente de la noche, como si la Rita Hayworth de los años 40, esposa de Ali Khan, se encontrara entre nosotros, pero a años luz, glamour obliga. Bien podrían ser estas personalidades con cárdigans de canalé y trenchs de maravillosa fluidez Beau Gosse, Perlouse y La Championne de Tennis salidos de la opereta musical “El Tren Azul” de Cocteau y Milhaud, para la que Coco Chanel diseñó el vestuario en 1924.
    Tras la colección Crucero, rebosante de chic intemporal, y sus musas de ayer y de hoy, nos sentamos en pequeñas sillas de madera para descubrir el último mediometraje de Karl Lagerfeld, “Tale of a Fairy”, rodado en tres días por el maestro, que alterna el blanco y negro con el color y explora la androginia y las intermitencias del corazón; fue acogido con un caluroso aplauso.
    Vista la carga emocional, la fuerza de los tres personajes femeninos y la cuidada puesta en escena que recuerda al trabajo de Ophüls y Thomas Winterberg, estamos impacientes por ver el cortometraje. La Fairy deja su lugar al Ferry: el dandy crooner Brian Ferry ofreció un concierto más que privado y más que perfecto, en ósmosis con la elegancia mágica del Eden-Roc y de la colección Crucero. El amor es una droga. La belleza un manifiesto.

  • 2 de mayo de 2011
    Par Elisabeth Quin
    EL DÍA EN QUE ATERRIZÓ EL MOBILE ART <BR/>
POR ELISABETH QUIN

    EL DÍA EN QUE ATERRIZÓ EL MOBILE ART
    POR ELISABETH QUIN

    Una nave espacial sensual y pacífica. Un sueño futurista. Un gran animal dormido, dulce y luminoso... La llegada del Mobile Art de Zaha Hadid a la explanada del Instituto del Mundo Arabe (IMA) de París tiene un cierto aire de alucinación pero cuenta con la fuerza de la evidencia.
    Tras haber hecho escala en Hong Kong, Tokio y Nueva York en 2008, el pabellón de exposiciones itinerante que alberga obras de artistas contemporáneos inspiradas por los códigos de la Maison Chanel, termina aquí con su periplo.
    Fue concebido en 2007 para Chanel a petición de Karl Lagerfeld, gran admirador del trabajo de Zaha Hadid. "¡Diséñame un pabellón!", le dijo. Y nació el arte (¡móvil!).
    El resultado fue este pabellón de diseño inspirado en la forma del "dónut". Una estructura desmontable de 80 toneladas, 45 metros de largo y 700 m² de superficie útil, tan etéreo en apariencia como tecnológicamente sofisticado.
    A petición de Dominique Baudis, presidente del IMA, Chanel ofreció el Mobile Art a esta institución. No se trata de mecenazgo sino de una donación. Un gesto gratuito, sin contrapartidas. En definitiva, una pasión…
    Se trata de un triple evento —arquitectónico, urbanístico y político— celebrado la noche del 28 de abril en el IMA, con la participación de Karl Lagerfeld y de los dos "arquitectos estrella", dos Premios Pritzker: Zaha Hadid y Jean Nouvel.
    El Mobile Art es el primer trabajo de la arquitecta británica de origen iraquí en París. ¡Ya era hora! Su instalación en la explanada del IMA inaugura un diálogo apasionante y cargado de emoción entre dos obras maestras: el edificio del IMA, diseñado por Jean Nouvel en 1981 e inaugurado en 1987 —un rectángulo perfecto, poderoso, adornado por celosías árabes, tan emblemáticas de esta tradición arquitectónica— y el Mobile Art, o la intuición y el constructivismo, con sus formas orgánicas y su "piel" interior.
    Dos concepciones de la arquitectura, dos principios, uno masculino y, el otro, eminentemente femenino y sensible.
    Se entabla el diálogo. Contraste y complementariedad. Ósmosis mágica... Tras la exposición inaugural, "Zaha Hadid, une architecture", que sumerge al visitante en las fascinantes indagaciones de Hadid sobre el parametrismo, el Mobile Art pasará a ser, a partir de octubre de 2011, un espacio de exposición para creaciones contemporáneas del mundo árabe.
    "Vivimos entre el hormigón y los sueños", comentaba Adam Zagajewski, uno de los poetas presentes en la fiesta de inauguración. El sueño está ahí, en la explanada del IMA.

    Fotografía: Delphine Achard

  • 10 de marzo de 2011
    Par Elisabeth Quin
    EL DESFILE DE PRÊT-À-PORTER <BR/>
POR ELISABETH QUIN

    EL DESFILE DE PRÊT-À-PORTER
    POR ELISABETH QUIN

    Imagine el Grand Palais transformado en un paisaje postapocalíptico. Como si se tratara de un cuadro a tamaño natural de Anselm Kiefer o un delirio al más puro estilo Michel Houellebecq en su periodo de Lanzarote.

    La arena negra resplandece a la luz del sol. Tablas de madera sin tratar a modo de pasarela. Sombras, sueños, reminiscencias de árboles famélicos pintados alrededor de la nave. Las fumarolas emanan del suelo. Sobrecogedor, inquietante... Grandioso, como las dos cajas gigantes de las que surgen las modelos, sombras chinescas iluminadas por una luz tan nívea como un cometa.

    No estamos ante un Otoño-Invierno 2011/12 lánguido y romántico, dulce, delicado y sosegado tan del estilo de Karl Lagerfeld, sino que se trata de una colección radical, grunge y antiburguesa que sacude a Chanel de un modo muy singular.
    Una silueta subversiva. Que toma prestado de la calle, del rock, de la noche, un toque duro y hostil y lo transforma en una expresión chic, rotunda, insolente, guerrera y de "juventud" súper sexy. Conjuntos en los que la elegancia invalida cualquier noción de clasicismo, de feminidad elevada y oscilante. Las mujeres que vestirán y dominarán estas prendas son capaces de jugar con los arquetipos de la virilidad y la feminidad.

    El emblema de la colección son las Rangers. Esas botas de marcha que los militares estadounidenses comenzaron a utilizar en 1944 y que más tarde adoptaría toda la soldadesca de los últimos cincuenta años. En Chanel, son el colofón perfecto para casi todos los looks, desde una capa con efecto de cota de malla en gris metalizado hasta una chaqueta en tweed de pata de gallo tremendamente luminoso con pantalón de lana, pasando por la arriesgada superposición de un microvestido negro bordado con una chaqueta de cuello chal acolchada y unos leggings efecto pizarra que desaparecen entre los calentadores.

    El mismo decalaje se aplica a las fantásticas minichaquetas bolero en tweed con botones joya sobre chaquetas negras muy austeras, pantalones en lana antracita y maxizapatos en color verde bronce.
    O para la suntuosa chaqueta azul esmeralda, totalmente recamada de lentejuelas y que aporta un cierto toque de lujo desenfadado a un pantalón negro cuasi japonés, contrastado por el conjunto de las rangers de noche.

    ¡La ruptura, la sorpresa, la rebeldía permanente! Sentimos un flechazo absoluto por los monos, otro símbolo de esta colección y que se declinan para adaptarse a las pistas de esquí, el campo o la ciudad. El más deseado, lucido por Caroline de Maigret, presenta una sensual cremallera sobre los hombros y el escote es de color negro y está recamado de lentejuelas

    Jamás se vio una colección Prêt-à-Porter de Chanel con tantas referencias y guiños al mundo del trabajo y a la calle. También provocan auténticos flechazos el punto y esos dos vestidos largos, a medio camino entre lo grunge y lo chic, cómodos, relajados, en tonos gris mezclilla, con sus botones joya y, por supuesto, ¡las Rangers Chanel!

    Pequeños bolsos redondos, negros o blancos, que se lucen de la mano, como si de puños americanos se tratara. Y, sin embargo, algún tobillo desnudo aquí y allá realza un pantalón ancho con bajos vueltos, sin demasiada intención. Los monos de noche se visten con la sofisticación del encaje, los motivos calados, ese juego de enseñar y adivinar, noción básica de la seducción. Es la silueta definitivamente antiburguesa y antiseñorial la que triunfa en esta colección rebosante de personalidad, actitud rock y encanto.

    Vea el desfile completo en chanel.com

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