Ingrid Sischy

  • 9 de junio de 2011
    Par Ingrid Sischy
    HATS OFF TO KARL <BR/>
POR INGRID SISCHY

    HATS OFF TO KARL
    POR INGRID SISCHY

    “Todavía no tengo claro quién soy”, escribió Gordon Parks sobre sus múltiples identidades creativas. “He desaparecido en mí mismo de tantas formas distintas que no sé cuál es la mía.” Es evidente que sabe perfectamente quién es. Desafió la categorización, cruzó fronteras y derribó muros, fue un modelo. Si en algún momento existió el perfecto merecedor de un Premio de Fotografía en nombre de Gordon Park, en una noche de creatividad, este es Karl Lagerfeld, el hombre que ha llevado más sombreros, o tocados, de los que pudieron verse en la boda de Kate y William.

    A continuación una lista abreviada de las actividades que llenan los días de Lagerfeld (y con frecuencia también las noches). Director creativo y genio diseñador de moda interno de Chanel durante 29 años, de Fendi durante más de 40 años -un récord mundial- y de Lagerfeld, la firma que lleva su nombre. Artista que dibuja con la gracia natural del verdadero talento. Autor que escribe conociendo las librerías del todo el mundo. Editor que ayuda a mantener vivo el arte de publicar libros. Cineasta, creador de la versión glamurosa de una atmósfera al estilo Cassavetes eligiendo a sus amigos y a los miembros de su círculo. Súper estrella de las pantallas tras Warhol y protagonista de infinidad de documentales sobre Lagerfeld que están aflorando. Genio, el sueño de todo entrevistador y escritor, muy fácil de citar y deliciosamente malvado. Coleccionista, con ojo clínico para el diseño. Diseñador de interiores, que deja en mal lugar a la mayor parte de los profesionales del sector. Escritor de cartas, que hubiera impresionado a la mismísima Elizabeth Bishop, una de sus autoras favoritas. Experto en publicidad, que hace despegar las campañas no sólo de sus propias firmas, como Chanel y Fendi, sino también de la competencia; recupera un toque warholiano creando una aura que envuelve todos los objetos mundanos, desde una Coca-Cola hasta un helado. ¿Cansado? Karl no. Afirma modestamente que no hecho nada más que empezar. Si le felicitas por cualquiera de sus facetas, te responderá: “Una cosa no quita la otra“.

    Lo que nos conduce a su relación con la fotografía. Es su faro, al que siempre vuelve, tanto si se trata de arquitectura como de paisajes, retratos, moda o bodegones. Mientras otros diseñadores de moda se relajan tras días de trabajo, un desfile o una larga temporada, Karl está casi siempre fuera haciendo sesiones de fotos para revistas underground, poderosas revistas ilustradas o campañas, o realizando proyectos personales que se encarga a sí mismo. Nos hicimos amigos gracias a nuestra obsesión mutua por la fotografía. Ha hojeado todos los libros de fotografía publicados hasta la fecha.

    Nuestras primeras conversaciones se remontan a años atrás, cuando Karl apenas había empezado a tomarse la cámara en serio. Lo asombroso de sus primeras fotografías es que transmitían una sensación de peso instantánea, probablemente procedente de todas las fotografías que había visto hacer a lo largo de los años, manteniendo siempre su propia voz. Miles de libros, historias, trabajos y campañas después, sigue siendo así. Basta con ver a Karl hacer fotografías. He compartido con él sesiones de fotos en las calles de Nueva York, París, Los Ángeles y Tokio. Siempre se han concentrado hordas de personas y miles de fans boquiabiertos que han colapsado el tráfico para detenerse, mirar al icono con coleta, cuello alto blanco y gafas de sol y gritarle: “Te queremos, Karl.” Siempre educado y ligeramente abrumado por su fama, mira hacia arriba, les da las gracias y se pone inmediatamente a trabajar. Nada puede romper el hechizo.


    Karl no acapara de forma exclusiva el sentido de la magia para su propio trabajo. Ayer por la noche, cuando llegó a Nueva York, cenamos juntos con algunos amigos. De inmediato nos quiso enseñar una extraña carpeta, de 1914, que acababa de localizar en Francia, diseñada por Paul Iribe, con textos de diversos escritores, incluidos Auguste Rodin y Jean Cocteau, y fotografías de Baron de Meyer del ballet Preludio a la tarde de un fauno, protagonizado por Nijinsky. No quedan más que seis copias en el mundo. Una vez que todos la hubimos contemplado y nos hubimos maravillado de su sofisticado diseño, la belleza de sus gráficos, la delicadeza del papel y de la impresión y el romance de las fotografías, nos enfrascamos en un debate sobre si debía hacerse o no un facsímile de ella. Karl afirmó: “Me gusta tanto que no podría soportar estar sin ella, ni siquiera las horas en las que tendría que permanecer alejada de mí.” Llegará el día en el que serán otros quienes digan lo mismo acerca del trabajo fotográfico de Karl. De hecho, ya los hay.

    Fotografía: Karl Lagerfeld y Anna Mouglalis en la cena de Gordon Parks y la Subasta que tuvieron lugar en Nueva York, el 1 de junio